
Hoy fuimos con Pedro a una placita y en menos de diez minutos, Pedro estaba de gran charla y jugando a la mancha, escondida, etc. con dos niños que estaban ahí. Cuando decidí que era hora de irnos me dijo: "yo quiero quedarme con mis amigos". La amistad a los 8 años es sin vueltas, se toma con naturalidad y se da por sentado que si pueden jugar a las mismas cosas, son amigos.
Un rato antes de eso estuvimos viendo a unos adolescentes en una pista de skate en la rambla. La escena era más o menos parecida. Como compartían esa pasión por lograr hacer piruetas raras, había un aire de amistad flotando en el aire que me admiró.
La amistad adulta, sin embargo, no es tan sencilla, ¿no?
Con la gente que hablamos más abiertamente y la que tiene más tiempo para compartir es la gente que está sentada delante de una computadora y tiene ganas de chatear. Gente que nunca vimos, casi siempre. A esa le preguntamos sobre su vida entera y le respondemos con franqueza. Esa gente igual se queda sin dormir por chatear con nosotros y resultan un apoyo inconmensurable. ¿Pero se puede decir que son amigos?
A nuestros amigos de toda la vida, los vemos apurados, porque ambos tenemos mucha cosa que hacer. Si queremos coordinar una actividad en conjunto, nos cuesta un Perú ponernos de acuerdo en la fecha y la hora para hacerlo.
Nosotras las mujeres, con nuestras amigas, luchamos con la competencia patente, o al menos latente, de la cual es muy complicado zafar. Aunque gracias a Dios hay excepciones! Como mi amiga Caro, que si algo bueno nos pasa a cualquiera de las dos, la otra se pone tan feliz como si fuera un logro propio, y viceversa.
Con nuestros amigos hombres, vivimos midiendo las palabras y acciones por miedo a que no se confundan los roles. Roles que, de haber una buena amistad, casi siempre se confunden y que lejos de embellecer la relación, la complican y a menudo la destruyen.
Un amigo o una amiga para mí es algo sagrado. Siempre lo fue. Pero así y todo he hecho desastres indefendibles y he perdido a excelentes amigos. ¿En qué ha radicado el desastre mayor? Yo creo que en la falta de buena comunicación. Y en mi propio relativismo que me impide muchas veces tener claro lo que quiero, ergo transmitirlo.
Hoy en día tengo más amigos virtuales que reales. Y son esos amigos los que me levantan el ánimo todos los días y los que me inspiran y me enseñan todo tipo de cosas.
Pero bueno, por suerte tengo también amigos que se materializan cerquita y con los cuales podemos intercambiar abrazos, sonrisas, idas al cine, mates, tés, caminatas por la rambla, idas a la playa, charlas interminables en bares, meditaciones y silencios reparadores.
Yo siento que tengo que abrirme más a los demás y a la vez permitir que las relaciones fluyan a la deriva, como fluyen siempre. Y eso significa también no estresarme porque una amistad se terminó. Todo parece ser una cuestión de equilibrio. Equilibrio entre ofrecer y recibir, entre ayudar y pedir ayuda, entre hablar y escuchar, entre preguntar y contestar, entre ofrecer el corazón (lindo tema ese de Fito) y ser responsable con el corazón del otro.
Es toda una aventura.
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